Definición

La violencia de género es aquella en la que se produce actos violentos o agresiones basados en una situación de desigualdad en el marco de un sistema de relaciones de dominación de los hombres sobre las mujeres, como resultado de los estereotipos socialmente construidos que aseguran el dominio masculino y la conservación de un modelo de sociedad patriarcal. La violencia de género puede aparecer en cualquier pareja con independencia de factores económicos, educativos o sociales. Es un prejuicio pensar que en las familias más desfavorecidas económica o socialmente la violencia de género es más habitual.

Tipos de violencia de género

Pueden existir diferentes tipos de violencia de género, en lo que respecta a la intrafamiliar destacamos:

La violencia psicológica, que pretende la desvalorización de la mujer por el hecho de serlo, se puede producir en el ámbito familiar o fuera de él, en el ámbito social y laboral y se concreta en amenazas, insultos, acusaciones, control de las amistades, control del dinero, desprecio, intimidación, ridiculización etc., normalmente es previa a la violencia física, pero suele darse paralelamente con esta y genera profundo impacto en la autoestima de la víctima.

La violencia física, agresiones con lesiones o sin lesiones visibles, se produce con cualquier acto de fuerza contra el cuerpo de la mujer con posibilidad de daño: golpes, tirones de pelo, patadas, puñetazos, mordiscos, quemaduras, heridas con arma, privación del cuidado de médicos durante una enfermedad, privación de comida, expulsión violenta del hogar. Es la violencia más visible, la más reconocida a simple vista por los profesionales de la salud.

La violencia sexual y abusos sexuales, son aquellos actos de naturaleza sexual a los que el agresor somete a la mujer mediante la fuerza o con intimidación y sin consentimiento de la víctima.

La violencia económica, se ejerce cuando se priva, a la víctima o a sus hijos, al acceso a los recursos para su bienestar físico o psicológico: restringir el acceso a los recursos de la vivienda, a las cuentas, destruir el maltratador bienes materiales de la víctima, etc.

Causas de la violencia de género

La causa de la violencia de género procede de una forma de concebir las relaciones entre hombres y mujeres enclave de dominación/sumisión, que se produce socialmente en sociedades patriarcales. Esta forma de comprender las relaciones, generan mitos y estereotipos sobre cómo deben ser las relaciones sentimentales. Los mitos sobre el amor romántico están en el origen de muchas relaciones “toxicas” previas a situaciones de violencia de género en especial en mujeres jóvenes. Una vez iniciadas relaciones de pareja fundadas en estos mitos, se producen situaciones de desigualdad que pueden desembocar en situaciones de violencia de género. Cuando se establecen las victimas entran en el “ciclo de la violencia”.

Características de la violencia de género
El ciclo de la violencia

Las personas que sufren violencia de género pasan por un proceso cíclico en el que se ven atrapadas:

En la fase primera o fase de acumulación de tensión se producen conductas de agresión verbal o física de carácter leve y aislado. La conducta del agresor se caracteriza por el abuso verbal, la explosión de ira, la exigencia, la irritación, la dominación y el control sobre la pareja (vestimenta, amistades, horario, salidas, etc.). En esta fase la conducta de la víctima es habitualmente cuidadosa: intenta evitar los enfados de su pareja, minimizando el problema, justificando la conducta del agresor y adelantándose a sus exigencias para evitar defraudarle o encolerizarle y así evitar la agresión. En la medida que la víctima evita el enfrentamiento, el agresor se siente más fuerte para continuar con el enfrentamiento directo.

En la fase dos o de agresión aguda, la acumulación de tensión deriva en agresiones con mayor capacidad lesiva. Es una frase breve, pero puede ser de gran brutalidad. Aquí la conducta del agresor está caracterizada por un estado de ira sin control y sus acciones tienen un marcado intento de herir o incluso asesinar. Consigue que la víctima se sienta responsable del comportamiento violento y que sufra sentimientos de culpa, además de provocarle que se sienta asustada y paralizada. Aunque puede intentar protegerse de los golpes y buscar ayuda, no suele hacerlo de forma inmediata. La reacción más frecuente es el aislamiento para que no se identifiqué la agresión y la fantasía de la esperanza de cambio en su pareja.

Fase tres o de luna de miel se produce un cambio radical por parte del agresor quien se muestra arrepentido y se comporta con una amabilidad extrema con su víctima y su entorno. Intentará influir sobre familiares y amigos para que la agredida le perdoné bajo promesa de no volver a repetir jamás el episodio agresivo. En estos momentos, la víctima, tiene una sensación de gran alivio, dando por cerrado el asunto y perdonando a su agresor. Intentará prevenir futuros incidentes para “evitar” aquello que ha originado la agresión (no vestirse de tal o cual manera, no ver a determinadas personas, no salir tanto, etc.) al tiempo que buscará excusas para justificar lo ocurrido (estaba muy estresado, le provoqué con mi actitud, etc.).
Esta fase construye la victimización completa de la mujer, que actuará como refuerzo positivo para el mantenimiento de la relación. Ella buscará justificación para la permanencia en la relación y sufrirá fuerte dependencia emocional, al tiempo que alimentará la resignación.

Tras un periodo de calma, de luna de miel, el ciclo se repite con una nueva fase de acumulación de tensión que acaba por derivar, nuevamente en agresión (normalmente más brutal) y, probablemente en un nuevo episodio de luna de miel. Esta situación puede prolongarse durante años en los que la víctima se sienta cada vez más atrapada en la relación.

Los estereotipos sobre la violencia de género refuerzan las situaciones de maltrato al establecer que los maltratadores son “víctimas de las circunstancias”. Además, los estereotipos condicionan el abordaje profesional del maltrato, la intervención con las víctimas y los programas dirigidos a los maltratadores. Identificar y neutralizar estos estereotipos permite que la intervención sea más eficaz y ajustada a la realidad de este fenómeno.

Efectos de la violencia de género

La violencia de género que se produce en el ámbito familiar tiene graves repercusiones para todos los miembros de la familia: tanto para la mujer como para sus hijos. Pero afecta más allá del hogar a familiares y amistades y, en general, sus consecuencias se extienden a toda la sociedad.

Los se efectos más directos de la violencia de género son sufridos por las mujeres en diferentes aspectos, entre ellos:

Consecuencias para la salud física y psíquica: dolores crónicos de cabeza, de espalda, gastrointestinales, fracturas de diversa consideración, depresión, intento de suicidio, ansiedad, arritmia, hiperventilación, ataques de pánico, alcoholismo, consumo de drogas, trastornos alimenticios, etc.

Consecuencias para la salud reproductiva: trastornos ginecológicos, enfermedad pelviana inflamatoria, infecciones, etc.

Consecuencias sociales: descenso del nivel productivo, atrasos habituales y absentismo laboral, pérdida sistemática del empleo, aislamiento social, etc.

Los efectos sobre los menores víctimas de la violencia de género, al ser la socialización una de las principales funciones de la familia, el impacto de la violencia de género en los hijos de la pareja es demoledor. Los más pequeños aprenden, a través de sus progenitores, patrones de comportamiento, habilidades sociales y valores que, en estos casos, les provocarán aprendizajes nocivos para su vida futura como adultos. Además. está demostrado que los menores que viven en el seno de una familia expuestos a la violencia de género muestran una serie de problemas entre los cuales se destacan:

Posibilidad de falta de desarrollo psicológico normal, permaneciendo en etapas anteriores a su actual desarrollo.

Dificultades en el trato con otras personas: presentan grandes acumulaciones de ira, lo que provoca que tengan dificultades para controlar su propio comportamiento, aumentando el riesgo de que recurran a la violencia como método de resolución de sus propios conflictos.

Represión de sentimientos: pueden recurrir a reprimir sus sentimientos como forma de control de sus miedos, lo que puede derivar en un desarrollo patológico de su personalidad.

Memoria distorsionada, bajo desarrollo de sus capacidades cognitivas, ansiedad, depresión, estrés, dificultades de concentración, enfermedades psicosomáticas, alteraciones del desarrollo integral, etc.

La Delegación del Gobierno Contra la Violencia de Genero, a través del teléfono 016 proporciona todo lo necesario en cuanto a prevención, atención y recursos para las víctimas.

La recuperación psicológica de las víctimas y sus hijos es fundamental, se hace necesario acudir a un profesional adecuado.

J. Miguel San Martin Rguez.
Psicólogo Sanitario